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En el estacionamiento de una iglesia de Indianápolis, Juan, de 38 años, se preparaba para una representación de Viernes Santo.
No le daba nervios protagonizar la historia de la crucifixión. Varias docenas de rostros conocidos formaban la multitud, incluyendo a su hermano, vestido como Poncio Pilato, y a su esposa, quien sería una de las mujeres llorando de Galilea.
Durante el ensayo, el grupo cantó: “Perdona a tu pueblo, señor, perdona a tu pueblo, perdónalo, señor”.
En Michoacán, México, el lugar de nacimiento de Juan, la recreación de las 14 Estaciones de la Cruz se conoce con el nombre en latín de “Vía Crucis”. Juan recuerda haber participado en su adolescencia, pero no fue hasta que llegó a Indianápolis que portó la corona de espinas.

“Fue un honor”, declaró Juan a Mirror Indy, “haber sido elegido para mostrar a la gente el sufrimiento de Jesús.”
Y aunque el Vía Crucis le da esperanza, comprende que no es inmune a las fuerzas que le dificultan la vida cada día que pasa, orillando a su esposa, sus hijos y al resto de sus amigos y familiares a vivir en las sombras.
Eso incluye a la administración de Trump, que ha intensificado las deportaciones, separando a familias y enviando a personas a prisiones extranjeras sin el debido proceso. Juan y Rosaura leen los titulares sobre personas que desaparecen de sus comunidades.
“Me preocupa que me lleven y me separen de mis hijos”, dijo Juan.
Nuevos miedos en una ciudad cada vez más internacional
Juan y Rosaura cruzaron la frontera hace 20 años, por separado.
Fue un sueño americano: Se conocieron hace 12 años mientras trabajaban en una panadería. Durante un año entero fueron amigos, antes de tener su primera cita.
Aunque viven en EE. UU. sin permiso legal, sus cinco hijos son ciudadanos estadounidenses. Juan trabaja en construcción, mientras que Rosaura es ama de casa. Le gusta llevar a la familia al Museo de los Niños y al Zoológico de Indianápolis para ver el show de los delfines.
Cocina fideos y pozole, pero también le gusta hacer tilapia frita y espagueti.
Juntos, construyeron una vida aquí, uniéndose a una comunidad muy unida de inmigrantes mexicanos que aportan su cultura al tejido de una ciudad que ya no es mayoritariamente blanca.
Incluso en una Indianápolis cada vez más internacional, la influencia cultural de 30,000 inmigrantes mexicanos es evidente.



Solo hay que sintonizar la estación de radio 107.1, la estación en español con mayor trayectoria de la ciudad. O comprar tortillas en una de las tiendas Morelos. O disfrutar de una comida en uno de los cientos de restaurantes mexicanos y food trucks.
También hay alimento espiritual.
La primera misa en español en Indianápolis se ofició en la Iglesia Católica de Santa María en 1967. Hoy, los cristianos hispanohablantes pueden elegir entre docenas de iglesias para celebrar sus creencias en su propio idioma.
Hay un mensaje universal que proviene de la antigua Mesoamérica, pintado como un mural en el Canal del Centro: “Quetzalcóatl regresa para mirarse en el espejo”, de Héctor Duarte. En él, la deidad con forma de serpiente emplumada descubre su propia mortalidad.
Del mismo modo, Juan y Rosaura están descubriendo que encontrar un hogar y construir una comunidad podría no ser suficiente para vivir una vida tranquila y feliz. Existe un nuevo miedo: con mayor atención del gobierno federal a la inmigración, los encuentros hostiles parecen ahora más probables.
Esta primavera, Rosaura, de 37 años, estaba bajando a sus hijos del coche frente a Target. Estaba allí para comprar huevos y leche cuando un hombre bajó la ventanilla y le gritó: “¡Regresen a su país!”.
Decidió abandonar sus clases de inglés para proteger a su familia, y renunció a su progreso para completar el GED. No es su propia seguridad lo que le preocupa, sino la de sus hijos.
“Al final, tienen rasgos hispanos”, declaró Rosaura a Mirror Indy, “aunque sean americanos, pueden ser discriminados”.
Consideró vender su casa y empezar de nuevo en México, pero Juan le dijo: “Este es el país de tus hijos”.
‘No puedes soltar mi mano’
También es el país de los Dreamers, como Paula.
El padre de Paula decidió venir a Estados Unidos cuando no podía comprarle zapatos para el jardín de niños.
“Ese fue su punto de quiebre”, declaró la residente de Indianápolis de 32 años a Mirror Indy. “Eran unos zapatitos escolares blancos, los más baratos que te puedas imaginar. Pero siempre he sido el mundo de mi papá”.

Era una niña cuando llegó a Estados Unidos, lo que la hizo elegible para la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia. Sin embargo, DACA no otorga la residencia permanente, y Trump intentó eliminar el programa en su primer mandato.
Paula lleva nueve años casada con su esposo, quien es ciudadano estadounidense. Es elegible para obtener una tarjeta de residencia permanente (green card). Pero con el creciente temor de que titulares de green card puedan enfrentarse a la deportación, a Paula le preocupa que la green card sea simplemente la nueva DACA.
Ha visto cómo los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE. UU. han intensificado su actividad bajo el gobierno de Trump, deportando a más inmigrantes y deteniendo a personas que tienen green cards. Ni siquiera los ciudadanos estadounidenses son inmunes; un juez dictaminó que un adolescente en Arizona fue detenido injustamente durante 10 días a pesar de su ciudadanía, mientras que un hombre nacido aquí con padres mexicanos fue esposado por agentes de ICE en un negocio de lavados de autos en Filadelfia.
“Las leyes y las prácticas están cambiando muy rápidamente y generando incertidumbre”, dijo Sarah Burrow, abogada de inmigración del bufete Lewis Kappes en el centro de la ciudad. “Algo que pudo haber sido cierto ayer, puede no serlo hoy”.
Burrow ha visto a sus clientes navegar este nuevo panorama, donde la administración de Trump ha revertido políticas mantenidas por una década al permitir que agentes de ICE busquen a personas en escuelas, iglesias y hospitales.
Ha habido tensión sobre el papel de la policía local y si su rol incluye colaborar con ICE.
El jefe de la Policía Metropolitana de Indianápolis, Chris Bailey, declaró el 23 de enero que su departamento no tiene la autoridad para hacer cumplir las leyes federales de inmigración. Días después, el gobernador Mike Braun respondió con una orden ejecutiva que estipula que todas las agencias estatales de seguridad pública deben “cooperar plenamente” con ICE.
El IMPD afirmó que la orden ejecutiva no aplica a las agencias locales de seguridad pública como la suya. “No hemos firmado ningún acuerdo nuevo con ICE que otorgue a nuestros agentes la autoridad federal para hacer cumplir las leyes federales de inmigración civil”, declaró un portavoz en un correo electrónico enviado el 28 de abril a Mirror Indy.
Sin embargo, en la Cárcel del Condado de Marion, administrada por la Oficina del Sheriff del Condado de Marion, al menos 400 inmigrantes han sido detenidos por el ICE, según los registros penitenciarios obtenidos por Mirror Indy.
Más de un tercio de ellos son de México.
Paula teme que su padre se convierta en uno de ellos. Ya lo han detenido por infracciones de tránsito, como por no detenerse completamente y por tener una luz trasera rota. Cada una de ellas le hace pensar que la próxima vez podría ser la última, poniéndole fin a su vida como familia en Indianápolis.


Fue en el año 1998 cuando el padre de Paula cruzó desde México con una docena de hombres, guiados por un contrabandista de frontera, a los que llaman coyotes. Trabajó en un restaurante buffet durante el día y abastecía estantes en Walmart por la noche. Ahorro dinero por muchos meses para poder pagarle a otro coyote, para esta vez cruzar la frontera con su familia de forma segura.
Paula recuerda haberse puesto su mochila de Winnie the Pooh al salir de México. Tenía 6 años y llevaba consigo las actas de nacimiento y los documentos de su familia.
“No puedes soltar mi mano para nada”, recuerda Paula que le dijo su madre. “Tienes que quedarte quieta”.
Su tío la cargó y ayudó a cruzar la frontera en el estado de Sonora, México. Una vez que la familia se reunió, Paula y su hermano aprendieron inglés rápidamente, ayudando a sus padres a adaptarse a sus nuevas vidas.
En el banco, el supermercado y la tienda de alquiler de videos, Paula se encontró traduciendo para su madre, y a veces incluso discutiendo sobre recargos por pagos atrasados o sobrecargos.
“Tuve que levantar la voz a adultos desde muy joven”, dijo Paula.

Añadió que convertirse en Dreamer durante la presidencia de Barack Obama no le trajo seguridad permanente. Esto ha convertido cada momento vivido bajo la presidencia de Trump en un auténtico terror.
Y, a pesar de las precarias protecciones que tiene como Dreamer, sus padres no tienen ninguna.
Paula y su esposo han decidido no tener hijos. Quieren dedicar su tiempo y recursos a los padres de Paula. Eso significa renunciar a las citas de brunch y encontrar un apartamento más pequeño para ahorrar para un fondo de emergencia.
También están considerando mudarse a México e intentan convencer a los padres de Paula de que hagan lo mismo.
“Mis padres tienen miedo de ir a la gasolinera porque podrían detener a mi papá”, dijo Paula. “No vinieron aquí por eso. Vinieron a darme todo y ahora me toca a mí devolvérselo”.
‘Somos de aquí, solo tenemos problemas diferentes’
Lo primero que comieron Emilio y María al cruzar la frontera en el año 2007 fueron hamburguesas.
Era su segundo intento, después de que el primero fuera interrumpido por agentes federales. Pero después de esa comida, abordaron un vuelo a Indianápolis.
“Todos los hispanos que conozco son así: el lugar al que llegan es el lugar del que se enamoran”, declaró Emilio a Mirror Indy. “Llegué a Indianápolis hace 20 años y me enamoré”.

Emilio es el hermano de Juan, quien interpretó a Poncio Pilato. Ahora tiene 40 años.
Aunque son hermanos, sus estatus migratorios no son iguales. Esto se debe a un permiso especial, llamado visa U, para víctimas de delitos que ayudan a las fuerzas de seguridad.
Trump no ha dicho si planea eliminar las visas U, pero los autores del Proyecto 2025 han sugerido que Trump elimine o minimice esta vía para obtener la ciudadanía.
Emilio contó a Mirror Indy que una noche, hace unos años, llevó a un amigo de su hermana, quien se iba a encontrar con un vendedor de Facebook Marketplace. Los hijos de Emilio estaban con ellos. El encuentro resultó ser una trampa. Un grupo de jóvenes salió armado y les quitó el dinero en efectivo que llevaban, así como sus celulares y relojes. Luego, los jóvenes comenzaron a disparar a la camioneta de Emilio y les quitaron las llaves.
Emilio, sus hijos y el amigo de su hermana huyeron. Una mujer que barría afuera los vio y llamó a la policía. Emilio les contó a los oficiales lo sucedido.
Aunque el incidente dejó a Emilio conmocionado, le permitió obtener una visa U, cuyo trámite suele tardar unos siete años. Sin embargo, durante el gobierno de Biden, se otorgaron permisos de determinación de buena fe a solicitantes determinados a ser aplicantes de buena fe.
Y como está casada con Emilio, María también es elegible. Así que continuó sus estudios, aprendiendo inglés y obteniendo un GED.
Por las mañanas, Emilio va a trabajar a una fábrica. María se queda en casa y cuida de sus cinco hijos. En familia, les gusta tener noches de juegos de mesa, donde juegan al UNO, al Monopoly y a la Lotería.

María, de 38 años, a veces se ha sentido mal recibida en Indianápolis, pero se siente más segura aquí que en México. Michoacán, de donde ella es, es uno de los estados más violentos en México.
“Vivimos en una calle tranquila. Nuestros hijos andan en bicicleta. Los vecinos son cuidadosos con ellos. Pueden jugar y caminar tranquilos y fuera de peligro”, le dijo María a Mirror Indy.
Hubo momentos en que ciertas cosas le recordaron a Emilio la noche en que los jóvenes le apuntaron con armas delante de sus hijos. Emilio dijo que solía llorar y preguntarse qué le pudo haber pasado a su familia, pero luego decidió buscar un terapeuta. Dijo que poco a poco, pudo recuperar la confianza y volver a saludar a desconocidos.
La experiencia con la policía también le dio a Emilio una sensación de seguridad. Cuando se entera de las redadas de ICE o deportaciones de personas, no cree que eso le va a pasar a él, porque ni él ni su esposa son delincuentes.
Para Emilio, solo hay un lugar al cual considera su hogar, y ese lugar es Indianápolis.
“Todos somos diferentes. Cada uno tiene sus propias penas y dolores”, dijo. “No nos vean como extranjeros; somos de aquí, solo que con problemas diferentes”.
Nueva pagina
En el Capitolio Estatal, cuatro estudiantes de preparatoria se sentaron en primera fila. Asistieron a “La Asamblea del Pueblo”, organizada por el Caucus Demócrata Latino de Indiana.
Escucharon a una estudiante de su edad que es miembro de la sociedad de honor hispana de una preparatoria local.
El hecho de que el fiscal general de Indiana, el republicano Todd Rokita, ha amenazado con emprender acciones legales contra las Escuelas Públicas de Indianápolis si no cooperan con las autoridades federales de inmigración, ha convertido la causa en algo personal para ellas.
Las cuatro chicas son estadounidenses de primera generación, hijas de inmigrantes mexicanos. Conocen de primera mano las motivaciones y los sacrificios que hacen los inmigrantes.
Lo ven en casa a diario.

Al igual que Paula, una de las jóvenes de 16 años traduce para su madre. Mirror Indy no la nombra porque sus padres, que temen ser deportados, no le dieron permiso. Últimamente, a sus papás les da demasiado miedo salir de casa, así que ella les hace mandados. Eso incluye comprar los ingredientes para el pozole de su madre: carne de cerdo, maíz pozolero y chiles llenan el carrito familiar.
Así es como las chicas cambian su entorno y lo hacen mejor. Para Areli, eso significa ser una estudiante sobresaliente en sus clases de Colocación Avanzada (AP), donde es una de dos estudiantes hispanas.
“Esa es una de las maneras en que participo en el liderazgo”, dijo. “No es común que gente como yo sean parte de programas como ese”.
Para Guadalupe, mejorar el mundo significa brindarle apoyo emocional a sus abuelos y padres. Se mantiene informada y les dice que todo estará bien.
Marta, quien es hija de Emilio y sobrina de Juan, siente que las respuestas están justo frente a nosotros. Mientras escucha a sus compañeros en la clase de Historia de Colocación Avanzada discutir la unidad sobre la inmigración alemana a Estados Unidos, se pregunta por qué la gente no ve las similitudes con la experiencia de su propia familia.
“Me parece muy gracioso”, dijo la joven de 16 años. “No sé cómo nos van a juzgar por venir a Estados Unidos. No saben por qué venimos. Nuestros padres querían darnos el sueño americano.”
Ella lo tiene a su alcance.
El viernes santo de Juan
Dos semanas antes del Vía Crucis, cuando las familias llegaban a uno de los ensayos, se dieron apretones de mano. En México, es costumbre saludar a todos con un beso en la mejilla. Pero estas familias han considerado a Indianápolis su hogar el tiempo suficiente como para combinar este gesto de calidez mexicana con la hospitalidad de Indiana.
Mientras procesionaban alrededor de la iglesia, hombres vestidos de guardias romanos golpearon a Juan con látigos improvisados.
“¡Camina!”, dijeron. “¿O que pretendes que yo cargue la cruz por ti?”.
Cómo reportamos esta historia
Desde que comenzó el segundo mandato del presidente Donald Trump, inmigrantes de todos los estatus migratorios — ciudadanos, Dreamers, titulares de tarjetas de residencia o green cards, titulares de visas U e inmigrantes viviendo en EE. UU. sin permiso — han visto sus vidas volverse trastocadas. Mirror Indy quería escuchar a personas cuyas historias a menudo se pierden en el torrente de noticias.
La editora de arte y cultura Jennifer Delgadillo y la reportera de salud Mary Claire Molloy comenzaron a centrarse en los inmigrantes mexicanos, que constituyen el grupo inmigrante más numeroso en Indianápolis. Jennifer y Mary Claire platicaron con gente en iglesias, mítines, bibliotecas y lugares de trabajo. En cada conversación, había alguien nuevo con quien hablar: otro tío, madre o amigo con un estatus migratorio diferente y una historia que compartir.
Delgadillo es mexicoamericana. Nació y creció en el estado de Nuevo León, México, y realizó y tradujo entrevistas en español. Algunas entrevistas se realizaron en inglés. También se están produciendo versiones de audio de esta historia en español e inglés.
Muchas personas comentaron que temían repercusiones legales por parte de los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) o acoso si se fuesen a compartir sus nombres completos en este artículo. Mirror Indy aceptó usar seudónimos para proteger su privacidad. También, Mirror Indy comisionó ilustraciones inspiradas en las entrevistas para proteger la privacidad de las personas con las que hablaron.
Mirror Indy continuará informando sobre lo que sucede en la ciudad en relación con la inmigración. Si tiene alguna historia que compartir, alguna pregunta, comentario o noticia, por favor, contáctenos a través de la información de contacto que aparece a continuación.
Jennifer Delgadillo es la editora de arte y cultura de Mirror Indy. Puede contactarla en jennifer.delgadillo@mirrorindy.org.
La reportera de Mirror Indy, Mary Claire Molloy, cubre temas de salud. Puede contactarla al 317-721-7648 o escribirle a maryclaire.molloy@mirrorindy.org. Sígala en X @mcmolloy7.



