James Miller vive aproximadamente a 60 metros de la cerca de una planta química en el lado oeste de Indianapolis desde hace casi 30 años. Con tan solo oler, sabía cuando la planta usaba químicos diferentes.
“A veces olía muy mal, como a pescado muerto,” dijo Miller. “Hace que te hormigueen los labios. A veces huele a helado, ese es probablemente el que duele.”
Los olores coinciden con los perfiles químicos de las piridinas, el propileno y el etileno, los químicos principales utilizados en la planta ubicada en 1500 S. Tibbs Ave., según la Agencia de Protección Ambiental (EPA). La exposición prolongada a estos químicos puede causar problemas neurológicos y otros problemas de salud.

La planta ha pasado por varios propietarios en las últimas décadas, y cada uno de esos dueños ha contribuido contaminando el área (infiltrando las aguas subterráneas como producto químico tóxico, más allá de la zona de la planta) por al menos 70 años.
Pero la vida sigue y los tiempos cambian. La planta, ahora oficialmente conocida como planta 1500 South Tibbs Ave LLC, está clausurada y ya no produce productos químicos. En la zona ya hay equipos desmantelando la planta, y se espera que las calderas, que son la principal fuente de producción de energía, dejarán de funcionar el 1 de abril.
Aunque los olores han cesado, la contaminación persiste.
El gobierno federal llegó a un acuerdo con el propietario de la planta, haciéndolo responsable de limpiar el área y la agua subterránea contaminada en la zona de la planta.
Los abogados de Aurorium, la empresa matriz de 1500 South Tibbs Ave LLC, declinaron hacer comentarios y le dijeron a Mirror Indy que el acuerdo “habla por sí solo”.
Miller, que ahora tiene 67 años, dijo que cuando se mudó a su casa hace casi tres décadas le advirtieron sobre los peligros de vivir cerca de una planta química, pero que nunca había tenido ningún problema de salud. Algunos vecinos le dijeron que creían que la planta era la causa de sus enfermedades.
“Cuando compré mi casa, me dijeron que no podría tener niños pequeños corriendo por el césped o perritos o lo que sea”, dijo Miller. “Mi vecino me dijo que por eso vendió su casa. Dijo que pensaba que la planta le había hecho daño a su padre y que le estaba haciendo daño a él”.
Miller y otros residentes que viven cerca de la planta dijeron que les preocupa no estar vivos para cuando se realice la limpieza.

Más de un siglo de contaminación
La historia de la planta química ubicada en 1500 S. Tibbs Ave. comienza hace más de un siglo.
En 1905 la planta se llamaba Republic Creosoting Company y refiniaba alquitrán de hulla y postes de servicios públicos recubiertos, y otros artículos con creosota cancerígena hasta el año 1961.
Según documentos de la EPA, a partir de 1955 se encontraron las piridinas de la planta en los pozos de agua potable residenciales de los vecindarios circundantes. No está claro qué medidas, si es que se tomaron algunas, tomó la empresa para contener la contaminación.
En 1961, la compañía se convirtió en Reilly Tar & Chemical Corp., donde se fabricaron piridinas y otros productos químicos hasta 1989. Las investigaciones estatales encontraron que los productos químicos de la planta nuevamente emigraron fuera del área en 1964, 1975 y 1980. La EPA convirtió a la planta en un sito “Superfund” y lo incluyó en la lista de los sitios más contaminados del país en 1984.
En 1986, el Departamento de Salud Pública del Condado de Marion investigó si los químicos de la planta estaban causando defectos de nacimiento y abortos espontáneos en los vecindarios cercanos a la planta. Los resultados no fueron concluyentes, pero aun así la agencia recomendó una limpieza química.
“En nuestra opinión, estos resultados adversos a la salud son probablemente el resultado de ser expuestos a una mezcla de contaminantes emanados por muchas fuentes industriales/residenciales,” concluyó la agencia en su informe.
En 1987, Reilly Tar & Chemical acordó investigar el alcance de la contaminación, pero ese mismo año, la contaminación empeoró. Más de 60.000 galones de combustible se derramaron en la propiedad, contaminando el agua subterránea de la planta y de los vecindarios en el área.

Esa contaminación aun existe, y todavía se detectan altos niveles de benceno (una sustancia química cancerígena) en los pozos de agua.
Además de la contaminación del combustible, la investigación de la compañía descubrió 149 tambores de productos químicos no identificados enterrados intencionalmente y altos niveles de productos químicos tóxicos en el suelo del terreno de la planta. La EPA ordenó una limpieza en 1994 — se removieron miles de toneladas contaminadas y fueron reemplazadas con suelo limpio. El proyecto se completó en 2013. Hoy en día, una granja solar cubre alrededor de 43 hectáreas de la propiedad de la planta.
Miller dijo que a pesar de los esfuerzos en limpiar el área, el material amarillento de la planta continuó flotando en el aire y aterrizando en los vehículos de su vecindario. Dijo que había gente que iba a su calle a recoger el material, pero que no sabía para quién trabajaban.
“Solían venir aquí con una tarjeta y un sobre, raspaban la tarjeta en el sobre y decían: ‘No fuimos nosotros, pero le regalamos esta bonita tarjeta de lavado de autos,”‘ recordó Miller.
La empresa cambió su nombre a Reilly Industries y, en 2006, se fusionó con otra empresa para formar Vertellus Specialties Inc. Vertellus se declaró en bancarrota en 2016 y cambió de manos varias veces hasta que la firma de inversión Pritzker Private Capital la compró en 2021.
La EPA elaboró un plan ese año para corregir la contaminación del agua subterránea, pero nunca lo llevó a cabo debido a problemas legales relacionados con las múltiples propiedades y la bancarrota de la empresa.
La firma cambió el nombre de la empresa a Vertellus Life Ingredients hasta julio de 2023, cuando pasó a ser Aurorium Indianapolis LLC. Poco después, la empresa anunció que cerraría la planta y despidió a 159 trabajadores.
El nombre de la empresa se cambió a 1500 South Tibbs Ave LLC en septiembre de 2023.
Incredulidad sobre un nuevo acuerdo
El Departamento de Justicia llegó a un acuerdo provisional con el propietario de la planta para garantizar que la responsabilidad legal de la limpieza del “Superfund,” incluyendo la contaminación del agua subterránea y la limpieza del área de la planta después de su desmantelamiento.
Como parte del acuerdo, la compañía tendrá que adquirir 4,7 millones de dólares en bonos, crédito u otras garantías financieras para garantizar que haya suficiente dinero para terminar la limpieza del “Superfund.” Si la empresa no puede conseguir el dinero, el acuerdo permite al gobierno federal imponer sanciones a partir de 1.000 dólares por día, hacerse cargo de la limpieza y emprender otras acciones para recuperar el dinero adeudado.
El acuerdo también hace responsable a 1500 South Tibbs Ave LLC de llevar a cabo el plan de la EPA para eliminar la contaminación del agua subterránea.
El plan es inyectar aire presurizado en los sistemas de aguas subterráneas para cultivar microorganismos que consumirían los químicos a través de los años, un proceso llamado bioaspersión. El plan de bioaspersión también exige monitorear los hogares más afectados en los puntos calientes de benceno para detectar la “intrusión por vapor,” el término utilizado para designar cuando los contaminantes escapan su contención en forma de vapor.
Algunos residentes que viven en hogares donde se detectó benceno subterráneo no están convencidos de que el proceso de bioaspersión solucionará el problema o de que se intentará limpiar el área.
Betty Bittle ha vivido en Moreland Street, justo al este de la planta, durante 14 años. Su casa está a unos 60 metros del pozo de monitoreo que detectó 27,9 microgramos de benceno por litro, más de cinco veces el límite permitido por la EPA.
Dijo que desconocía el alcance de la contaminación. Le molesta que ninguno de los propietarios de la planta a través de los años haya limpiado la contaminación a pesar de saber los problemas que producía desde al menos 1987.
“No les importa”, dijo Bittle. “Para ellos, el dinero es más importante que la vida de las personas, y eso está muy, muy mal”.
Bittle, de 69 años, dijo que no le preocupa la limpieza solo por ella misma, sino también por las generaciones que vienen, incluidos sus nietos. Dijo que por lo general deja que sus nietos jueguen afuera cuando la visitan, pero eso podría terminar pronto.
“No sabía que los químicos estaban allí”, dijo. “No confío en ninguna de estas malditas empresas”.

La EPA y el Departamento de Gestión Ambiental de Indiana dijeron que creen que la bioaspersión ayudará a eliminar la contaminación y proteger la salud de los residentes y el medio ambiente local.
La limpieza podría tardar años en comenzar, como ha ocurrido con otros sitios “Superfund” en Indiana. Se necesitaron décadas para limpiar un sitio similar, el USS Lead Superfund en East Chicago, Ind. a pesar de años de evidencia de que se construyeron viviendas públicas sobre una antigua fundición de plomo. La investigación sobre la contaminación para ellos comenzó sólo una década después de que el estado encontrara evidencia de altos niveles de plomo en la sangre de los niños y en el suelo de una escuela primaria cercana.
Rodeados de fuentes de contaminación
Miller y Bittle viven en una parte del oeste de Indianápolis rodeados de fuentes de contaminación que fueron habilitadas por políticas racistas y clasistas a principios del siglo XX.
Después de la Gran Depresión, el gobierno de Estados Unidos calificó los vecindarios según su riesgo financiero para los prestamistas o bancos. Se utilizaron criterios racistas y clasistas en el proceso de calificación, por lo cual los vecindarios con residentes negros, morenos o ciertos tipos de residentes blancos recibieron calificaciones más bajas, o sea alto riesgo para prestimistas.
El sistema de calificaciones, llamado “redlining,” hizo que los vecindarios de menor calificación, como el oeste de Indianápolis, fueran demasiado riesgosos para obtener préstamos federales. Es por eso que allí se construyeron plantas de fabricación y otros proyectos de capital seguro.
“Esta es la parte industrial de la ciudad”, dijo Miller. “Me preocupo todo el tiempo, pero ¿qué puedo hacer al respecto?”
Durante la última década, la planta química también fue una fuente importante de contaminación por hollín, también llamado contaminación por partículas. El hollín es una mezcla de gotas de líquido y partículas que, entre otras cosas, pueden dañar los pulmones y el corazón y empeorar los problemas cardíacos y respiratorios existentes.
Bittle sabe que el lado oeste nunca será pulcro, pero quiere que al menos las empresas limpien los desastres por los que son responsables.
“Necesitan asumir la responsabilidad,” dijo Bittle. “Si esa contaminación proviene de algunas de sus cosas, entonces deben asumir la responsabilidad. Si me equivoco en el trabajo, asumo la responsabilidad. Es mía. Ellos deben asumir la responsabilidad de lo que hicieron.”
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El Departamento de Justicia está aceptando comentarios públicos sobre el acuerdo propuesto con 1500 South Tibbs Ave LLC.
Para enviar un comentario público, envíe un correo electrónico a pubcomment-ees.enrd@usdoj.gov o envíe su comentario por correo al Assistant Attorney General, U.S. DOJ-ENRD, P.O. Box 7611, Washington, DC 20044-7611.
El reportero de Mirror Indy, Enrique Saenz, cubre el oeste de Indianápolis. Contáctelo al 317-983-4203 o enrique.saenz@mirrorindy.org. Síguelo en X @heyEnriqueSaenz.



